Escena VIII
RITA , DON CARLOS , DOÑA FRANCISCA .
RITA.- Señorita, adentro. La mamá pregunta por usted. Voy a traer la cena, y se van a recoger al instante... Y usted, señor galán, ya puede también disponer de su persona.
DON CARLOS.- Sí, que no conviene anticipar sospechas... Nada tengo que añadir.
DOÑA FRANCISCA.- Ni yo.
DON CARLOS.- Hasta mañana. Con la luz del día veremos a este dichoso competidor.
RITA.- Un caballero muy honrado, muy rico, muy prudente; con su chupa larga, su camisola limpia y sus sesenta años debajo del peluquín. (Se va por la puerta del foro.)
Dª FRANCISCA.- Hasta mañana.
DON CARLOS.- Adiós. Paquita.
DOÑA FRANCISCA.- Acuéstese usted y descanse.
DON CARLOS.- ¿Descansar con celos?
DOÑA FRANCISCA.- ¿De quién?
DON CARLOS.- Buenas noches... Duerma usted bien, Paquita.
DOÑA FRANCISCA.- ¿Dormir con amor?
DON CARLOS.- Adiós, vida mía.
DOÑA FRANCISCA.- Adiós. (Éntrase al cuarto de DOÑA IRENE .)
Escena IX
DON CARLOS , CALAMOCHA , RITA .
DON CARLOS.- ¡Quitármela! (Paseándose inquieto.) No... Sea quien fuere, no me la quitará. Ni su madre ha de ser tan imprudente que se obstine en verificar este matrimonio repugnándolo su hija..., mediando yo... ¡Sesenta años!... Precisamente será muy rico... ¡El dinero!... Maldito él sea, que tantos desórdenes origina.
CALAMOCHA.- Pues, señor (Sale por la puerta del foro.) , tenemos un medio cabrito asado, y... a lo menos parece cabrito. Tenemos una magnífica ensalada de berros, sin anapelos ni otra materia extraña, bien lavada, escurrida y condimentada por estas manos pecadoras, que no hay más que pedir. Pan de Meco, vino de la Tercia... Conque , si hemos de cenar y dormir, me parece que sería bueno...
DON CARLOS.- Vamos... ¿Y adónde ha de ser?
CALAMOCHA.- Abajo.. Allí he mandado disponer una angosta y fementida mesa, que parece un banco de herrador.
RITA.- ¿Quién quiere sopas? (Sale por la puerta del foro con unos platos, taza, cucharas y servilleta.)
DON CARLOS.- Buen provecho.
CALAMOCHA.- Si hay alguna real moza que guste de cenar cabrito, levante el dedo.
RITA.- La real moza se ha comido ya media cazuela de albondiguillas... Pero lo agradece, señor militar. (Éntrase al cuarto de DOÑA IRENE .)
CALAMOCHA.- Agradecida te quiero yo, niña de mis ojos.
DON CARLOS.- Conque ¿vamos?
CALAMOCHA.- ¡Ay, ay, ay!... ( CALAMOCHA se encamina a la puerta del foro, y vuelve; hablan él y DON CARLOS , con reservas, hasta que CALAMOCHA se adelanta a saludar a SIMÓN .) ¡Eh! Chit, digo...
DON CARLOS.- ¿Qué?
CALAMOCHA.- ¿No ve usted lo que viene por allí?
DON CARLOS.- ¿Es Simón?
CALAMOCHA.- El mismo... Pero ¿quién diablos le...?
DON CARLOS.- ¿Y qué haremos?
CALAMOCHA.- ¿Qué sé yo?... Sonsacarle, mentir y... ¿Me da usted licencia para que...?
DON CARLOS.- Sí; miente lo que quieras... ¿A qué habrá venido este hombre?
Escena X
SIMÓN , DON CARLOS , CALAMOCHA .
SIMÓN sale por la puerta del foro.
CALAMOCHA.- Simón, ¿tú por aquí?
SIMÓN.- Adiós, Calamocha. ¿Cómo va?
CALAMOCHA.- Lindamente.
SIMÓN.- ¡Cuánto me alegro de...!
DON CARLOS.- ¡Hombre! ¿Tú en Alcalá? ¿Pues qué novedad es ésta?
SIMÓN.- ¡Oh, que estaba usted ahí, señorito!... ¡Voto a sanes!
DON CARLOS.- ¿Y mi tío?
SIMÓN.- Tan bueno.
CALAMOCHA.- ¿Pero se ha quedado en Madrid, o...?
SIMÓN.- ¿Quién me había de decir a mí...? ¡Cosa como ella! Tan ajeno estaba yo ahora de... Y usted, de cada vez más guapo... ¿Conque usted irá a ver al tío, eh?
CALAMOCHA.- Tú habrás venido con algún encargo del amo.
SIMÓN.- ¡Y qué calor traje, y qué polvo por ese camino! ¡Ya, ya!
CALAMOCHA.- Alguna cobranza tal vez, ¿eh?
DON CARLOS.- Puede ser. Como tiene mi tío ese poco de hacienda en Ajalvir... ¿No has venido a eso?
SIMÓN.- ¡Y qué buena mula le ha salido el tal administrador! Labriego más marrullero y más bellaco no le hay en toda la campiña... ¿Conque usted viene ahora de Zaragoza?
DON CARLOS.- Pues... Figúrate tú.
SIMÓN.- ¿O va usted allá?
DON CARLOS.- ¿Adónde?
SIMÓN.- A Zaragoza. ¿No está allí el regimiento?
CALAMOCHA.- Pero, hombre, si salimos el verano pasado de Madrid, ¿no habíamos de haber andado más de cuatro leguas?
SIMÓN.- ¿Qué sé yo? Algunos van por la posta, y tardan más de cuatro meses en llegar... Debe de ser un camino muy malo.
CALAMOCHA.- (Aparte, separándose de SIMÓN .) ¡Maldito seas tú y tu camino, y la bribona que te dio papilla!
DON CARLOS.- Pero aún no me has dicho si mi tío está en Madrid o en Alcalá, ni a qué has venido, ni...
SIMÓN.- Bien, a eso voy... Sí señor, voy a decir a usted... Conque... Pues el amo me dijo...
Escena XI
DON DIEGO , DON CARLOS , SIMÓN , CALAMOCHA .
DON DIEGO.- No (Desde adentro.) , no es menester; si hay luz aquí. Buenas noches, Rita. ( DON CARLOS se turba y se aparta a un extremo del teatro.)
DON CARLOS.- ¡Mi tío!...
DON DIEGO.- ¡Simón! (Sale del cuarto de DOÑA IRENE , encaminándose al suyo; repara en DON CARLOS y se acerca a él. SIMÓN le alumbra y vuelve a dejar la luz sobre la mesa.)
SIMÓN.- Aquí estoy, señor.
DON CARLOS.- (Aparte.) ¡Todo se ha perdido!
DON DIEGO.- Vamos... Pero.. ¿quién es?
SIMÓN.- Un amigo de usted, señor.
DON CARLOS.- (Aparte.) ¡Yo estoy muerto!
DON DIEGO.- ¿Cómo un amigo?... ¿Qué?... Acerca esa luz.
DON CARLOS.- Tío. (En ademán de besar la mano a DON DIEGO , que le aparta de sí con enojo.)
DON DIEGO.- Quítate de ahí.
DON CARLOS.- Señor.
DON DIEGO.- Quítate... No sé cómo no le... ¿Qué haces aquí?
DON CARLOS.- Si usted se altera y...
DON DIEGO.- ¿Qué haces aquí?
DON CARLOS.- Mi desgracia me ha traído.
DON DIEGO.- ¡Siempre dándome que sentir, siempre! Pero... (Acercándose a DON CARLOS .) ¿Qué dices? ¿De veras ha ocurrido alguna desgracia? Vamos... ¿Qué te sucede?... ¿Por qué estás aquí?
CALAMOCHA.- Porque le tiene a usted ley, y le quiere bien, y...
DON DIEGO.- A ti no te pregunto nada... ¿Por qué has venido de Zaragoza sin que yo lo sepa?... ¿Por qué te asusta el verme?... Algo has hecho: sí, alguna locura has hecho que le habrá de costar la vida a tu pobre tío.
DON CARLOS.- No, señor, que nunca olvidaré las máximas de honor y prudencia que usted me ha inspirado tantas veces.
DON DIEGO.- Pues ¿a qué viniste? ¿Es desafío? ¿Son deudas? ¿Es algún disgusto con tus jefes?... Sácame de esta inquietud, Carlos... Hijo mío, sácame de este afán.
CALAMOCHA.- Si todo ello no es más que...
DON DIEGO.- Ya he dicho que calles... Ven acá. (Tomándole de la mano se aparta con él a un extremo del teatro y le habla en voz baja.) Dime qué ha sido.
DON CARLOS.- Una ligereza, una falta de sumisión a usted... Venir a Madrid sin pedirle licencia primero... Bien arrepentido estoy, considerando la pesadumbre que le he dado al verme.
DON DIEGO.- ¿Y qué otra cosa hay?
DON CARLOS.- Nada más, señor.
DON DIEGO.- Pues ¿qué desgracia era aquella de que me hablaste?
DON CARLOS.- Ninguna. La de hallarle a usted en este paraje... y haberle disgustado tanto, cuando yo esperaba sorprenderle en Madrid, estar en su compañía algunas semanas y volverme contento de haberle visto.
DON DIEGO.- ¿No hay más?
DON CARLOS.- No, señor.
DON DIEGO.- Míralo bien.
DON CARLOS.- No, señor... A eso venía. No hay nada más.
DON DIEGO.- Pero no me digas tú a mí... Si es imposible que estas escapadas se... No, señor... ¿Ni quién ha de permitir que un oficial se vaya cuando se le antoje, y abandone de ese modo sus banderas?... Pues si tales ejemplos se repitieran mucho, adiós disciplina militar... Vamos... Eso no puede ser.
DON CARLOS.- Considere usted, tío, que estamos en tiempo de paz; que en Zaragoza no es necesario un servicio tan exacto como en otras plazas, en que no se permite descanso a la guarnición... Y , en fin, puede usted creer que este viaje supone la aprobación y la licencia de mis superiores, que yo también miro por mi estimación, y que cuando me he venido, estoy seguro de que no hago falta.
DON DIEGO.- Un oficial siempre hace falta a sus soldados. El rey le tiene allí para que los instruya, los proteja y les dé ejemplo de subordinación, de valor, de virtud.
DON CARLOS.- Bien está; pero ya he dicho los motivos...
DON DIEGO.- Todos esos motivos no valen nada... ¡Porque le dio la gana de ver al tío!... Lo que quiere su tío de usted no es verle cada ocho días, sino saber que es hombre de juicio, y que cumple con sus obligaciones. Eso es lo que quiere... Pero (Alza la voz y se pasea con inquietud.) yo tomaré mis medidas para que estas locuras no se repitan otra vez... Lo que usted ha de hacer ahora es marcharse inmediatamente.
DON CARLOS.- Señor, si...
DON DIEGO.- No hay remedio... Y ha de ser al instante. Usted no ha de dormir aquí.
CALAMOCHA.- Es que los caballos no están ahora para correr..., ni pueden moverse.
DON DIEGO.- Pues con ellos (A CALAMOCHA .) y con las maletas al mesón de afuera. Usted (A DON CARLOS .) no ha de dormir aquí... Vamos (A CALAMOCHA .) tú, buena pieza, menéate. Abajo con todo. Pagar el gasto que se haya hecho, sacar los caballos y marchar... Ayúdale tú... (A SIMÓN .) ¿Qué dinero tienes ahí?
SIMÓN.- Tendré unas cuatro o seis onzas. (Saca de un bolsillo algunas monedas y se las da a DON DIEGO .)
DON DIEGO.- Dámelas acá... Vamos, ¿qué haces? (A CALAMOCHA .) ¿No he dicho que ha de ser al instante?... Volando. Y tú (A SIMÓN .) ve con él, ayúdale, y no te me apartes de allí hasta que se hayan ido. (Los dos criados entran en el cuarto de DON CARLOS .) |