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La obra de Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno novelista

El Unamuno novelista hunde sus raíces en el ideólogo y en el poeta. A estos debe su fuerza principal. Como dice Torrente Ballester, para enjuiciar y valorar al escritor lo hemos de hacer fijándonos en su biografía. Sus libros son su testamento más veraz.

En toda la obra de Unamuno hemos podido ver junto a la reiteración de ciertos temas una variedad de enfoques y de modos de ejecución. En cuanto a significados y significación última podríamos dividir su obra en cuatro grandes grupos:

  • narraciones grotescas y tragicómicas, donde Unamuno alecciona y moraliza. Presenta la precariedad y contingencia de la vida humana: Niebla
  • historias de pasión, muy románticas en esencia, pero tristes, pesimistas y desoladoras: Abel Sánchez
  • novelas de la voluntad creadora, de la imposición del querer ser o ser ultimo frente y contra el yo dado e mundo real: La tía Tula
  • buceos novelescos en la personalidad íntima: San Manuel Bueno, mártir

Cronológicamente estos grupos aparecen irregularmente entrelazados y discontinuos y es muy aventurado hablar de una evolución o un avance en su narrativa. La soltura y plena madurez ya son evidentes en Niebla.

Estéticamente su valor es muy desigual. Esto se debe a su sangrante entraña problemática y a la especial parcialidad artística del autor, pues parece que ignora ciertas parcelas de la persona humana. En estas obras encontramos trazos vigorosos de narrador genial, destellos de criaturas autónomas, pero nunca nos presenta a toda una persona. Como novelista es un dibujante genial, pero no nos deja ninguna novela ple­na, ningún cuadro acabado.

A pesar de esto se le puede considerar junto a Baroja y Valle-Inclán uno de los grandes escritores de la llamada Generación del 98. A continuación se ofrece un recorrido a través de las obras del escritor bilbaíno:

Paz en la Guerra

Paz en la guerra fue el primer libro de Unamuno. Publicado en 1897 nos ofrece datos sobre:

  • su modo de ver la guerra carlista,
  • la exaltación de las vidas vulgares, anónimas
  • y su estimación por las víctimas pasivas o activas de la Historia

Hay una oposición entre la fe tradicional y brotes de escepticismo. En medio de esta lucha de contrarios, surge, se crea y forma Unamuno.

Amor y Pedagogía

En 1902 publica Amor y Pedagogía. Se trata de una farsa grotesca en la que Unamuno quiere ridiculizar la pedagogía científica: mostrar lo absurdo que es racionalizar la vida. La obra se halla entre el ensayo y la novela.

En cuanto a su novela es muy esquemática y muy ruda. A través de la caricatura podemos reconocer experiencias íntimas del autor.

Una historia de amor

En 1911 publica Una historia de amor.

El Espejo de la muerte

Posteriormente, en 1913, El espejo de la muerte, una colección de 26 cuentos.

Niebla

Al año siguiente, en 1914, publica su novela más famosa, Niebla. En esta novela Unamuno se enfrenta como novelista con el problema crucial del pensador y hombre Unamuno: La inmortalidad o la mortalidad del alma individual. Es una de las obras cumbre de Unamuno, una ficción que se deriva de la obra Del Sentimiento trágico de la vida. A partir de supuestos filosóficos previos, plantea la narración, imaginada para resolver los problemas de un pensamiento contradictorio.

Segun J.A.Balseiro Niebla es la ficción de la duda. El mismo personaje Augusto Pérez aparece como un ente dudoso, perdido en la niebla. Es un ser mental, artificioso, no humano, inventado para presentar la nihilidad de la existencia humana tal como la ve y siente Unamuno. Para que Augusto Pérez interprete bien el papel, Unamuno le hace un ser ocioso, inútil en la vida diaria, que no tiene nada en que "sentirse ser". Unamuno puebla la novela de personajes fantasmales. En esta novela todo es un sueño de la razon. Y este sueño  produce vertigo.

Algún monólogo es lo que humaniza a Augusto y le infunde vida, pero ahí es Unamuno quien piensa, quien habla. Y en la escena culmen, en la que el personaje se rebela contra su autor, que le hace morir, no es más que Unamu­no quien se desdobla y habla e increpa a Dios o al destino en su doble. Es Unamuno quien quiere vivir.

La culminación de la contingencia es el desenlace: Augusto Pérez muere porque a Unamuno le da la gana que muera, muere porque sí.

Aparte de Augusto Pérez y Augusto Unamuno, los demás personajes son meras mascaras. El más humano es Orfeo, el perro del protagonista. Esto aumenta el ambiente fantasmagoral que el autor quiere dar a la vida humana. La voluntariedad y la parcialidad del autor son tal, que la novela es más de arte que creación poética o novelesca con un mundo vivo.

Tres Novelas Ejemplares

En 1920 publica Tres novelas ejemplares, de las que destaca Nada menos que todo un Hombre. Aquí también incluye Dos madres y El marqués de Lumbría.

Abel Sánchez

En 1917 publica Abel Sánchez, que según el mismo autor es quizás la más trágica de sus novelas. En esta novela aparecen dos motivos:

  • La pasión del personaje surge y crece con fijeza de destino y es provocada por un contorno de terrible concreción.
  • No escudriña a un hombre sólo, sino que está historiando la pasión negra española por excelencia – la envidia.

El verdadero protagonista es Caín, o sea Joaquín Monegro, y lo que mata es su propia vida, su parte de felicidad en el mundo y su alma, congelada por la envidia.

Si éste es el verdadero protagonista, ¿porqué el libro se titula Abel Sánchez? Quizá inconscientemente o quizá voluntariamente y como símbolo, el autor obedece a la simpatía que ejerce Abel.

El argumento es como sigue: En las vidas paralelas de Joaquín y Abel, éste último parece arrebatar a Joaquín de forma no intencionada sino por casualidad los amigos, la novia, la fama y finalmente el cariño del nieto de ambos. El paralelismo y el contraste se sostienen hasta el final. Abel es vano, íntimamente frío, superficial, egoísta, pero cae en gracia. Joaquín es una fuerte personalidad, generoso, apasionado, amigo leal, pero queda obscurecido y no sabe suscitar simpatías.

La envidia de Joaquín es fatal. Surge justificadamente frente al rival vacuo e insignificante, pero mimado por todos los éxitos. De tal modo, Joaquín, pese a sus odios, llega a hacerse simpático. Si ahondamos en el espíritu de Joaquín podemos descubrir que su envidia no es tal, sino amargura y decepción legítimas. Acaso la victima de la envidia de los demás sea Joaquín, pues la verdadera envidia nace de la superioridad real y Joaquín es en todo muy superior a Abel.

El planteamiento en coto cerrado, individual, familiar es estrecho para el tema. El libro es genial, pero quizá demasiado escueto, descamado con un permanente jadear angustioso y obsesivo. No tiene matices ni gradaciones.

La Tia Tula

En 1921 publica La tía Tula, obra en la que contrapone lo real a lo aparente.

San Manuel Bueno, mártir

Seis años antes de su muerte escribió tres novelas cortas, de las que al menos tienen rango de obra maestra San Manuel Bueno, mártir. Esta novela es la más honda y representativa, a la vez que es la más perfecta estéticamente. En esta obra se acerca a los personajes con cariño y una tímida ternura, llegando a lo hondo del alma de los mismos.

Sólo destaca tres personajes: Ángela Carballino, la narradora de la historia y hermana de Lázaro, Lázaro, descreído y progresista al comienzo y ferviente feligrés de Dº Manuel después y finalmente el tercer personaje es el propio Dº Manuel, el cura del pueblo con aureola de santo.

Unamuno hace vivir al cura. Le infunde vida, hace que nos sea una persona de carne y hueso y cuando ya lo tiene en pie, erige al antagonista, Lázaro. Este es un hombre rico, descreído. Con él Dº Manuel no utiliza su poder de captación para convertirlo, pues Lázaro se defiende, ataca y descubre la verdad: Dº Manuel vive en la duda y en ella muere. El triunfo del cura es alimentar la fe íntima del pueblo y llevar a Lázaro a la duda.

En la frase "murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin creer creerlo, creyéndolo en una desolación activa y resignada", tenemos el problema de Unamuno en su última raíz. Tanto Dº Manuel como Unamuno son conciencias dudosas. Pero, ¿es posible sostener la equidistancia entre la fe y la negación durante toda una vida? Parece que no y quizá sin saberlo Dº Manuel extremaba y falseaba su propia incredulidad ante Lázaro, como su fe ante el resto del pueblo.

Unamuno quiso despertar, sacudir, inquietar a los demás y siendo dudoso de si mismo expuso su verdad en el San Manuel Bueno, mártir de una forma imperecedera. Como dice Fco. F. Turienza esta novela es el modelo de historia íntima plena: Unamuno nos pinta el drama íntimo, verdadero del párroco. Está construida sobre dos ejes - el de la realidad y el de la ficción. La ficción  es el alma de esta novela - es el aparente engaño del párroco. Los dos ejes estructurales se desarrollan a lo largo y a lo profundo. Hacia lo largo en el tiempo y hacia lo profundo en el espacio.

La novela no está situada en un escenario real, sino, según una leyenda, en una villa sumergida en el fondo del lago a cuyas orillas viven los hombres en el reino de la historia. Así nos dice donde hay que buscar la realidad de la realidad.

La realidad -la novela - se constituye sobre un plano legendario, en una ficción de realidad. Dentro de esta villa sumergida se rememora a su vez la villa sumergida Valverde de Lucerna. Así el párroco tiene también una villa sumergida. que es su infancia, cuyo eco es la voz de Blasillo.

El párroco actúa movido por esa fe de su infancia, desaparecida para el mundo. Aparece la idea de que actuamos, de que nuestra vida consciente se apoya en lo que fuimos y lo que fueron los que han sido.

D.Manuel no puede recuperar la fe de su infancia pero admira la fe de Ángela y del pueblo y en vez de sentir frustración o resentimiento construye esta fe en el centro de su vida, como si la tuviera. Esta fe tiene un intrínseco valor de sentido, pues sólo ella es capaz de dar valor y orientación a la vida humana, tanto como fe verdadera, como anhelada.

No podemos hablar de un ateismo radical, sino de una teórica y vital disposición en favor de la fe. El párroco no cree, pero quiere creer y actúa instalándose una fe deseada. Este juego santísimo del párroco es lo que le da el atractivo al cura. El elemento dinámico de la novela es este desacuerdo del párroco con su ateismo situacional. Es la lucha o agonía de un hombre caído en ateismo por salir de él.

Esto lo vemos bien en la escena de la muerte de Dº Manuel - instala y congrega al pueblo en torno a él, para morirse, les ordena lo que deben hacer y cierra los ojos precisamente al llegar a esa parte del credo que él no pudo recitar nunca: “Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable”. Decide además la forma y la hora de morir Blasillo, para que le ayude a pasar a la otra vida. Otro símbolo - Blasillo= fe de la infancia.

La escena es conmovedora, pero inverosímil. No es posible morir así, pues entonces la muerte seria un acto sobre el que nosotros seríamos dueños, Pero el contenido de expresión se ha adueñado del todo de los medios de expresión. Dº Manuel sí murió con acción verdadera y responsable, como había vivido.

Sacrificando la verosimilitud ha expresado el autor cómo quiso morir el cura, apoyado en la fe de la infancia y con el pueblo ayudándole a pasar el Jordán, llevado en hombros, como dice la leyenda del cuerpo de Moisés. Esta novela tiene un carácter épico y una gran carga filosófica-existencial. El escenario y las realidades están impregnados de un aire mágico. Abundan los monodiálogos intimistas y con un carácter antiintelectualista.