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Obra de Valle Inclán - Del modernismo al esperpento


La evolución estética de Valle Inclán es compleja y sería demasiado simplista reducirla a dos etapas, la modernista y la esperpéntica.

1.- El modernismo

El autor cultiva los tres grandes géneros tradicionales: narrativa, lírica y teatro aunque con frecuencia no se ajusta a lo preceptivo en cada uno de ellos. Su prosa tiene profundos rasgos líricos, su teatro presenta descripciones y acotaciones propias de la novela, etc.

La obra narrativa desde la colección de cuentos "Femeninas" (1895) hasta la publicación de "Sonata de otoño" (1902) - considerada desde el principio una obra maestra - supuso el despegue definitivo del escritor gallego. Este éxito se vio confirmado con las tres Sonatas restantes.

La trilogía sobre la guerra carlista (1908-1909) reafirma el reconocimiento de Valle Inclán como gran escritor si bien la transformación de su prosa modernista hacia el esperpento se va operando desde "Los cruzados de la causa" y el resto de las obras de esta trilogía y el paso al esperpento narrativo será ya total con "Tirano Banderas" (1926) en la que hace una crítica feroz de una dictadura latinoamericana arquetípica y la serie inconclusa de "El ruedo ibérico" (1927-28), ciclo narrativo que da una visión grotesca de la reina Isabel II y su "corte de los milagros".

Valle publicó también cuentos y relatos de horror y de misterio que reunió en libros como Jardín umbrío y un ensayo de estética simbolista La lámpara maravillosa (1916) que ocupó el primer volumen de su Opera omnia.

En general, tanto las Sonatas como los relatos se inscriben plenamente en la estética modernista. Como señala Fernández Almagro "busca, dentro de la tradición castellana, ritmos nuevos, imágenes de primera mano y palabras que sorprendan". Se aprecia "un gusto por lo exótico, lo pintoresco y lo raro, lo exquisito, trabajado y suntuario y, especialmente en las Sonatas, es patente el influjo de D'Annunzio, Barbey d'Aureville y Eça de Queiroz.

El decadentismo modernista alcanza su plenitud en las Sonatas, "Memorias amables del marqués de Bradomín" en las que juega un papel trascendental el erotismo decadente. Bradomín se autodefine "sentimental" aunque la mayor parte de los críticos dudan de ello. Proliferan los rasgos decadentes y los toques de perversión: asociación deleitable de amor/muerte, satanismo/religión, esteticismo/sensualidad.

En general, en su prosa modernista Valle busca el principio parnasiano "del arte por el arte" y practicar "el culto simbolista de la alusión y de la sensación". Hay una búsqueda continua de la musicalidad al estilo de R.Darío y una huída consciente y continua del realismo y el utilitarismo.

En 1904 se publicó "Flor de santidad" una bellísima novela precedida de un soneto de Antonio Machado. El escenario es la Galicia rural, sus gentes supersticiosas que viven en una atmósfera legendaria y mágica. Para Sender [VI dt, 97-128] la novela será "una de las pocas obras maestras que contarán en este siglo".

2.- El esperpento

La visión que tiene Valle de la España de su tiempo es cada vez más sombría y negativa y el reflejo de esta visión está en su obra pero el cambio que va del ambiente refinado y de lujosa voluptuosidad de las Sonatas a la mascarada grotesca de El ruedo ibérico no se hace a través de una ruptura tajante y brusca entre un estilo y otro sino gradualmente. Incluso en las Sonatas varios críticos han sabido ver el germen del esperpento en ciertas expresiones irónicas, escenas macabras, animalizaciones.. En las dos primeras comedias bárbaras y en la trilogía carlista, la exaltación de lo legendario se mezcla con la violencia, la crueldad y el lenguaje desgarrado. En esta obra se desarrolla el bárbaro proceso de degeneración de un linaje.

También "La pipa de kif", libro de dieciocho poemas aparecido en 1919, es un precedente claro. Salinas lo califica de "preludio en verso del esperpento".

No debemos olvidar que el esperpento no es producto totalmente aislado. Quevedo en "El Buscón" sustituye el plano de la realidad por otro deformado y a finales del siglo XIX y principios del XX se extiende por toda Europa una corriente de esperpentismo, factor esencial del arte expresionista.

El esperpento es una deformación grotesca de la realidad con fines expresivos ("lo ha inventado Goya"), héroes nacionales contemplados en espejos cóncavos. distorsionados sistemáticamente.

El autor ante un mundo monstruoso y absurdo opera de forma selectiva, desintegra los hechos y ofrece al público lo que más le escandaliza y sobrecoge. Hace una crítica demoledora del orden establecido y el esperpento es a la vez tragedia y farsa.

El propio Valle expuso los nuevos conceptos estéticos en tres textos sobradamente conocidos: Max Estrella (escena XII de Luces de Bohemia), Don Estrafalario en el prólogo y epílogo de Los cuernos de Don Friolera y la célebre entrevista al periodista Martínez Sierra aparecida en el diario ABC el 3 de Diciembre de 1928. El autor ve a los personajes desde la altura y su mirada de ser superior hace que su visión sea desdeñosa, altiva e inmisericorde. Sus criaturas no están contempladas como en el teatro de los clásicos griegos como seres superiores ni como en las obras de Shakespeare en plano de igualdad, el superior es el autor que mueve a sus personajes como si fueran marionetas en una postura "de superación del dolor y de la risa".

Respecto a la cronología del esperpento hay que señalar 1920 como un año decisivo. Aparecen cuatro obras del autor: una tragicomedia de aldea Divinas palabras, esperpento rural y que está considerada obra maestra del teatro universal; dos farsas, Farsa de la enamorada del rey y Farsa y licencia de la reina castiza, y un esperpento, Luces de bohemia. En esta obra Valle transforma y deforma a sus criaturas al pasarlas por el tamiz del esperpento y transmite una imagen monstruosa de la realidad española: instituciones, burguesía, pueblo, nada ni nadie que tuviera alguna relevancia social se salva de la crítica. No cae en la sensiblería ni en la moraleja. Para Zamora Vicente desde el punto de vista lingüístico sería la obra maestra del esperpento y su estética resume la nueva manera de ver el mundo por parte del autor.

La trayectoria dramatúrgica de Valle Inclán no sigue un proceso lineal. "Entre Los cuernos de Don Friolera" (1921), alegato antimilitarista, y "La hija del capitán" (1927) dos esperpentos que constituyen con "Las galas del difunto" el titulado "Martes de carnaval". Valle Inclán escribió "Cara de Plata" (1922) la última de sus Comedias bárbaras.

Durante estos mismos años veinte compuso en la tradición granguiñolesca autos y melodramas para marionetas: "Ligazón" (1926), "La rosa de papel" y "La cabeza del Bautista" (1924) que, junto con "El embrujado" reunió en su Opera omnia con el título "Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte."