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El grupo del 98



El Concepto de Generación del 98

Es Azorín quien propone esta denominación en unos artículos de 1913. Incluye en dicho grupo a autores como Unamuno, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán, Benavente, Rubén Darío, que se caracterizan todos ellos por su espíritu de protesta y su profundo amor al arte. Entre otras influencias, Azorín señala las parnasianas y las simbolistas.

Aunque la idea fue rechazada inicialmente por algunos miembros de la generación como Baroja, el concepto se impone finalmente.

Los requisitos generacionales aplicados al 98

Pedro Salinas ya aplica en un ensayo de 1935 al 98 el concepto de "generación literaria", que establece unos "requisitos generacionales":

  • 1. Nacimientos en años poco distantes: 1864-1875
  • 2. Formación intelectual semejante: autodidactismo
  • 3. Relaciones personales: amistad, tertulias, revistas, "Grupo de los Tres",...
  • 4. Participación en actos colectivos propios: homenaje a Larra,...
  • 5. Presencia de un guía: Nietzsche, Schopenhauer, (Unamuno)
  • 6. Lenguaje generacional: ruptura con el lenguaje precedente
  • 7. Anquilosamiento de la generación anterior

La juventud del 98

Un espíritu de protesta y rebeldía animaba a la juventud del 1898, provocado en parte por la actualidad contemporánea de determinadas doctrinas revolucionarias:

  • UNAMUNO: pertenece al PSOE, marxista
  • MAEZTU: ideas revolucionarias / anhelos socialistas
  • AZORÍN: anarquista
  • BAROJA: simpatías por el anarquismo

Este hecho es un indicio de la crisis de la conciencia pequeño-burguesa. Los jóvenes del 98 conforman la primera generación de intelectuales.

El "grupo de los Tres"

Constituyen este grupo Baroja , Azorín y Maeztu , amigos que firman artículos bajo el pseudónimo de "Los Tres". En 1901 publican un manifiesto en el que expresan su deseo de cooperar a la generación de un nuevo estado social en España, lo cual se debe a la miseria y hambruna contemporánea en España. El medio que canalizaría las fuerzas para resolver esta situación sería la "ciencia social". Se alejan estos autores pues de sus compromisos políticos y sólo confían ya en la "ciencia social". Su posición es ahora la de un reformista de tipo regeneracionista .

La campaña política de los Tres estuvo marcada por el fracaso, lo cual les condujo a un hondo desengaño. En esto les había precedido Unamuno , que había negado su apoyo al grupo de los Tres por su pérdida de interés por temas económicos y sociales. Ahora aspira sólo a modificar la mentalidad del pueblo.

En 1905 los Tres abandonan el camino de la acción e inician un giro hacia posturas idealistas. Siguen sintiendo la preocupación por España pero desde un esceptismo desconsolado o desde la actitud contemplativa de un soñador .

La Madurez del 98. Actitudes, Ideas y Temas

En 1910 Azorín manifiesta que cada autor se ha creado una fuerte personalidad, lo que ha provocado un cambio en sus orientaciones, ideas políticas, sus sentimientos estéticos,... Lo único que conservan es la lucha por algo que no es lo material bajo; es decir, un anhelo idealista.

Se configura la mentalidad del 98, marcada por los siguientes rasgos:

  • 1. Idealismo
  • 2. Entronque con las corrientes irracionalistas europeas: Nietzsche, Schopenhauer è neorromanticismo
  • 3. Preocupaciones existenciales y religiosas: interrogantes sobre el sentido de la vida, el destino del hombre è precursores del existencialismo
  • 4. Tema de España: subjetivismo - anhelos y angustias íntimas: exaltacion redentora, visión impresionista o escepticismo è en el plano de los valores, ideas y creencias

Los autores mencionados sufren una importante evolución ideológica. Unamuno se encerró cada vez más en su "yo", Baroja se recluye en un radical escepticismo y Azorín deriva hacia posturas conservadoras. Maeztu se convierte en seguidor de la derecha nacionalista.

Nómina del 98

Lo dicho hasta ahora nos lleva a delimitar lo que puede considerarse "grupo del 98". Lo compondrían, en principio, Baroja, Azorín y Maeztu (los Tres), unidos entre sí por las juveniles afinidades que hemos visto. Y, por no pocos aspectos, cabe agregar a Unamuno . Muy discutible, en cambio, es incluir en la nómina a Machado y Valle, sin negar las afinidades temáticas entre éstos y aquéllos.

Significación literaria del 98

Los noventayochistas contribuyen poderosamente a la renovación literaria de principios de siglo. Como los modernistas, repudian la retórica o el prosaísmo de la generación anterior (con excepciones). Retrocediendo en el tiempo, Larra fue considerado un precursor. También sintieron una especial reverencia por algunos clásicos: Fray Luis de León, Cervantes, Quevedo,... y muestran fervor por la literatura medieval: el Poema de Mio Cid, Berceo, Jorge Manrique, el Arcipreste de Hita. Estas preferencias explican sus novedades estilísticas. Azorín afirmaba por ejemplo, que una obra era mejor, cuantas menos y más elegantes palabras hicieran brotar más ideas. Es ésta la primera nota común del lenguaje generacional, la voluntad de ir a las ideas, al fondo.

Con esto enlaza el "sentido de la sobriedad" y la voluntad antirretórica que va acompañada de un exigente cuidado del estilo (por la repulsa del prosaísmo). El estilo predominante es pues antiretórico y cuidado.

Otro rasgo común es el gusto por las palabras tradicionales y terruñeras. Todos los noventayochistas ampliaron el caudal léxico gracias a su conocimiento del habla de los pueblos o de las fuentes clásicas.

Cabe reseñar también el subjetivismo, otro rasgo esencial de la estética del 98. De aquí proviene el lirismo, que desvela el sentir personal de los autores. También de aquí proceden la dificultad al intentar separar lo visto de la manera de mirar: paisaje y alma, realidad y sensibilidad, que llegan a fundirse íntimamente.

Señalemos también las innovaciones en los géneros literarios. En el 98 se configura el ensayo moderno con su flexibilidad para recoger temas muy variados. Profundas novedades se observan también en la novela. En el teatro los intentos renovadores no tuvieron apenas éxito

En suma, la renovación estética de los noventayochistas es tal, y tales sus logros literarios, que la crítica ha abierto con ellos - y los modernistas - la Edad de Plata de nuestra literatura.