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Rimas - Índice

Gustavo Adolfo Bécquer (1837-1871)

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida (Sevilla, 17 de febrero de 1836 – Madrid, 22 de diciembre de 1870), más conocido como Gustavo Adolfo Becquer, fue un poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo [+ Biografía]
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Bécquer - Rimas y Leyendas

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LXXXVIII
LXXXIX
XC
XCI
XCII
XCIII
XCIV
XCV
XCVI
XCVII
XCVIII
XCIX
C

Como se arranca el hierro de una herida...
Yo me he asomado a las profundas simas...
En la clave del arco mal seguro..
¡Los suspiros son aire y van al aire!
Las ondas tienen vaga armonía...
Fatigada del baile...
Voy contra mi interés al confesarlo...
¿Quiéres que de ese néctar delicioso...
Entre el discorde estruendo de la orgía...
Como en un libro abierto...
Yo sé un himno gigante y extraño...
Lo que el salvaje que con torpe mano...
Del salón en el ángulo oscuro...
Alguna vez la encuentro por el mundo...
Saeta que voladora...
Cuando me lo contaron sentí el frío...
Yo sé cuál el objeto...
Qué hermoso es ver el día...
¿Cómo vive esa rosa que has prendido...

Hoy como ayer, mañana como hoy...
¿Qué es poesía?
Por una mirada, un mundo...
¿Será verdad que cuando toca el sueño...
Las ropas desceñidas...
Cuando miro el azul horizonte...
Tú eras el huracán...
Besa el aura que gime blandamente...
Antes que tú me moriré...
Tu pupila es azul y cuando ríes...
Nuestra pasión fue un trágico sainete...
Cuando en la noche te envuelven...
Este armazón de huesos y pellejo...
Dos rojas lenguas de fuego...
Dejé la luz a un lado y en el borde...
Olas gigantes que os rompéis bramando...
Cuando volvemos las fugaces horas...
Sabe si alguna vez tus labios rojos...
Volverán las oscuras golondrinas...
No digáis que agotado su tesoro...

Asomaba a sus ojos una lágrima...
Mi vida es un erial...
Sacudimiento extraño...
Si al mecer las azules campanillas...
Dices que tienes corazón...
Al ver mis horas de fiebre...
Los invisibles átomos del aire...
Llegó la noche y no encontré un asilo...
Fingiendo realidades...
Al brillar un relámpago nacemos...
Hoy la tierra y los cielos me sonríen...
Yo soy ardiente, yo soy morena...
Cuando sobre el pecho inclinas...
Sobre la falda tenía...
Si de nuestros agravios en un libro...
Una mujer me ha envenenado el alma...
Primero es un albor trémulo y vago...
Como la brisa que la sangre orea...
Cuando entre la sombra oscura...
¡Cuántas veces al pie de las musgosas...

Cendal flotante de leve bruma...
No sé lo que he soñado...
Espíritu sin nombre...
Despierta tiemblo al mirarte...
Como guarda el avaro su tesoro...
Cruza callada y son sus movimientos...
Su mano entre mis manos...
¿De dónde vengo?
Como enjambre de abejas irritadas...
Es cuestión de palabras...
De lo poco de vida que me resta...
Cerraron sus ojos...
Te vi un punto y flotando ante mis ojos...
Pasaba arrolladora en su hermosura...
En la imponente nave...
¿A qué me lo decís?
No dormía; vagaba en ese limbo...
Me ha herido recatándose en las sombras...
¡No me admiró tu olvido!
Porque son, niña, tus ojos...

Aire que besa, corazón que llora...
Apoyando mi frente calurosa...
Errante por el mundo fui gritando...
Es el alba una sombra...
Es un sueño la vida...
Esas quejas del piano...
Flores tronchadas, marchitas hojas...
Lejos y entre los árboles...
Nave que surca los mares...
Negros fantasmas...
¿No has sentido en la noche...
Para encontrar tu rostro...
Para que los leas con tus ojos grises...
Patriarcas que fuisteis la semilla...
Podrá nublarse el sol eternamente...
¡Quién fuera luna...
Si copia tu frente...
Solitario, triste y mudo...
Tu aliento es el aliento de las flores...
Yo me he asomado a las profundas simas...
Yo soy el rayo, la dulce brisa...

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Hoy la tierra y los cielos me sonríen...
Yo soy ardiente, yo soy morena...
Cuando sobre el pecho inclinas...
Sobre la falda tenía...
Si de nuestros agravios en un libro...
Una mujer me ha envenenado el alma...
Primero es un albor trémulo y vago...
Como la brisa que la sangre orea...
Cuando entre la sombra oscura...
¡Cuántas veces al pie de las musgosas...

Cendal flotante de leve bruma...
No sé lo que he soñado...
Espíritu sin nombre...
Despierta tiemblo al mirarte...
Como guarda el avaro su tesoro...
Cruza callada y son sus movimientos...
Su mano entre mis manos...
¿De dónde vengo?
Como enjambre de abejas irritadas...
Es cuestión de palabras...
De lo poco de vida que me resta...
Cerraron sus ojos...
Te vi un punto y flotando ante mis ojos...
Pasaba arrolladora en su hermosura...
En la imponente nave...
¿A qué me lo decís?
No dormía; vagaba en ese limbo...
Me ha herido recatándose en las sombras...
¡No me admiró tu olvido!
Porque son, niña, tus ojos...

Aire que besa, corazón que llora...
Apoyando mi frente calurosa...
Errante por el mundo fui gritando...
Es el alba una sombra...
Es un sueño la vida...
Esas quejas del piano...
Flores tronchadas, marchitas hojas...
Lejos y entre los árboles...
Nave que surca los mares...
Negros fantasmas...
¿No has sentido en la noche...
Para encontrar tu rostro...
Para que los leas con tus ojos grises...
Patriarcas que fuisteis la semilla...
Podrá nublarse el sol eternamente...
¡Quién fuera luna...
Si copia tu frente...
Solitario, triste y mudo...
Tu aliento es el aliento de las flores...
Yo me he asomado a las profundas simas...
Yo soy el rayo, la dulce brisa...

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