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Obra de Valle Inclán - Etapa Modernista

Valle-Inclán nace el 28.10.1866 en Villanueva de Arosa. Ni se esconde ni se publica, sino que se inventa como personaje literario. Se enmascara de fantasía. A lo largo de  su vida elaboró en torno a si una madeja de hazañas y aventuras.

Quedan en pie sus cualidades tanto de escritor como de hombre. Le caracteriza la nobleza y el orgullo, además de una honestidad artística absoluta. También podemos citar una voluntad obstinada. Destaca también la impasibilidad moral y la ausencia de contenido ideológico, que le conduce a una visión estética del mundo.

El origen del esteticismo de Valle-Inclán constituye un problema biográfico y literario, pues tiene un significado de generación. La cualidad más honda de la generación del 98 adquiere en Unamuno un irracionalilsmo heterodoxo, en Baroja un agnosticismo arbitrario y en Azorín una prudente inhibición. Pero en Valle esto se convierte en los primeros años en un andarse por las ramas de la pura estética – Las Sonatas -, en un canto a la belleza incitante de un mundo desaparecido en las Comedias bárbaras, en un adherirse a la esencia de la tradición idealizada en la trilogía de La Guerra carlista y finalmente en una mueca en Tirano Banderas y El Ruedo Ibérico.

Es una evolución consecuente. Viene a ser: prosa modernista, en lo que se ha dicho que Valle es en la prosa un valor paralelo a Rubén Darío en la poesía. Pero esto no es totalmente cierto, pues Valle escribió posterior a Darío e influido por él en el clima lírico rubeniano, en las formas retóricas típicas, en el vocabulario característico e incluso en versos enteros. También hay que decir que el modernismo de Valle no es más que el punto de partida, mientras que en Rubén es el punto culmen final. Valle escribió como un decadente sádico. Todo ello con afectación, desde fuera. Son ejercicios de un catecúmeno que no llegó a ser nunca creyente, pero que pasa por maestro y formalmente lo es.

A efectos didácticos la obra de Valle-Inclán se puede dividir en tres etapas, en cada una de las cuales cultiva los distintos géneros literarios: novela, teatro y poestía.

  • Etapa Modernista (aprox. 1898-1910)
    La principal obra en esta etapa son Las Sonatas, en poesía, Voces de gesta y un libro de estética, La lámpara maravillosa.

  • Etapa de transición del idealismo al esperpento pasando por el mito (aprox 1910-1920)
    En esta etapa destaca, en novela, la trilogía La guerra carlista y, en teatro, las Comedias Bárbaras.

  • Etapa Esperpéntica (aprox 1920-Gª Civil)
    A esta época corresponden La pipa de Kif (poesía), Tirano Banderas (novela), trilogía El ruedo ibérico (novela), Luces de Bohemia (teatro) y Divinas Palabras (teatro).

:: Las Sonatas ::

Las Sonatas están escritas como las memorias amables de un donjuanesco marqués. La primera en aparecer fue la Sonata de otoño en 1902. Pero los cuatro constituyen un apretado cuerpo de arte de la prosa modernista española. Se sabe que tienen ascendencia francesa, que llegan a Valle a través de Rubén Darío.

Se nos ofrecen como un conjunto de cuatro libros, destinados cada uno a una estación del año, representando así la vida del marqués. Cada sonata alegoriza un estado de ánimo en correspondencia indisoluble con la edad del personaje. Hay una clara interferencia entre lo sensual y lo psicológico.

Son, como ya he dicho, un libro e memorias, pero un libro de memorias incompleto, fragmentado voluntariamente. Valle vuelve la vista al ayer y quiere entresacar del pasado cuatro episodios amables, sin más pretensión que el de una elegíaca añoranza. Son memorias amables, en las que el pecado es el eje central del acaecer. La unidad se mantiene a través de las cuatro sólo por el personaje principal.

Bradomín es un Don Juan admirable. Es feo, católico y sentimental. Esto parece estar en contradicción con el donjuanismo, pues para ser un Don Juan hay que luchar contra la religiosidad y el sentimiento auténtico. Bradomín se sabe un Don Juan. Matiza la exigencia de la carne, haciéndola el principal mandato. Tiene e las mujeres un pobre concepto.

Lo que llena sobre todo las tres últimas sonatas es la exaltación de lo erótico, el hacer gala de lo carnal. El donjuanismo de Bradomín es la voluntad de una manera de ser y obrar.

Como obra modernista aparece una aristocracia integral, que hace que la obra se diferencia de lo vulgar. Todas las aventuras se deslizan en un clima de lujo, un hilo de vetusta antigüedad pasa a lo largo de toda la obra. Así en la de otoño aparece en toda ella el sentido de la genealogía. Llega incluso a insistir con machaconería erudita en esta aristocracia. Esta conciencia de la aristocracia conlleva otras cualidades, como lo es la arrogancia y el orgullo. El sentirse con esta superioridad es lo que le lleva a exagerar su valentía, que adquiere caracteres de apoteosis en la invernal, cuando le cortan el brazo.

Bradomín se nos ha presentado como un católico, ¿pero cómo es su catolicismo? ¿No es acaso más que la mezcla irrespetuosa de piedad y paganismo? Pues el marqués mezcla confusamente ambas cosas. Ya en la Sonata de primavera se le va identificando con Satanás. El satanismo le vale al marqués para exponer su complacencia con el mal, en la perversidad. Es consciente de tener a su lado al diablo, lo que hace que muestre cínicamente su actuar pecaminoso.

Adjetivos de contenido religioso o litúrgico los emplea el autor para dar un picante sabor de pecado a escenas muy diversas. Esto aparece fundamentalmente en la Sonata de otoño.

A la vez que la falta de religiosidad verdadera viene la superstición. Aparece en forma de estremecimiento de terror, presentimiento, recuerdo de las almas en pena, advertencia de mal agüero, sueños. El misterio y el símbolo se unen. Toda la obra está hilvanada por una ley de contraste, como una escondida armonía cómplice. El contraste se presenta como el medio más acertado de despertar resonancias inusitadas, nuevas. Así al morir Concha, el marqués se refugia en la alcoba de su prima Isabel. Este contraste se lleva a los más pequeños detalles. Logra así bellos efectos de color, sonido y de elaboración psicológica.

Valle es quien más aristocratiza el paisaje. Lo poetiza. Partiendo de paisajes cercanos, inventa el paisaje de las Sonatas y elabora un fondo de jardín clásico, noble y antiguo. La sensación de antigüedad aparece a lo largo de toda la obra. Es un paisaje elaborado dentro de un canon, dentro de una estética preconcebida. Pero este paisaje vive.

En toda la obra aparece el afán de ser una casa superior, la religión del arte por el arte. Valle tiene claras debilidades pictóricas que podemos observar en la obra. Le atrae el primitivismo, pero también utiliza la alusión a una obra de arte, que da mayor viveza y realidad a lo que trata de describir. La huella artística es la que contribuye a producir ese sentimiento de antigualla que inspiran ser las Sonatas, pero siempre repartida con equilibrada mesura. Hace una selección.

La interpretación plástica de la vida se complementa con la literatización de ésta. Cada modelo literario responde perfectamente a la circunstancia.

La evocación literaria matiza la psicología de los personajes. Así en la Sonata de otoño la pálida Concha y su enfermedad nos recuerdan a Margarita Gauthier. Una especie de dulce niebla romántica inunda toda esta sonata.

Amado Alonso ha destacado el extraordinario valor evocador y plástico de los gestos y las actitudes. Valle-Inclán es como un precursor de los artistas cinematográficos. En las Sonatas los personajes se mueven de una manera estudiada. El telón de fondo en la otoñal es la descripción del viejo jardín, que rodea el Pazo. Los tonos son fijos y límpidos. Los gestos se nos presentan en muchos casos con rigor cinematográfico.

Otro recurso muy utilizado es el de las sensaciones, sobre todo por las correspondencias psicológicas que despiertan. La sensación que más aparece es la acústica, y dentro de estas, la voz humana, que se oye sofocada, alegre, apagada, sentimental, con resignación amable, etc. Y esto lo asocia a verbos expresivos del acto con predominio del perfecto, como “murmuró, insistió, …”. Algún imperfecto anuncia el valor de una evocación, así “llamaba, desfallecía, …” También aparece el sonido de las campanadas, aunque en la de otoño se limita al sonar de las horas y la campañilla, que llama a la criada. Los murmullos y los susurros se presentan en un silencio de fondo. Los personajes y las cosas inertes despiden una estremecida onda sonora. También aparecen sensaciones de luz y brillo. En la de otoño destaca la dudosa claridad de un velón, los candelabros, plata resplandeciente, farolillos, luz entrevista de Galicia. Menos numerosas son las olfativas y las táctiles. Los olores conservan su jerarquía de rancio lugar callado.

También se oyen unas voces de fondo, colectivas, que es la voz del pueblo. El autor ha trasladado la realidad documental de los posibles trozos documentales al mundo de la poesía. Podemos destacar la musicalidad de todas las sonatas, musicalidad lograda por voces aisladas, sonoras y por la rima y el ritmo. También con ritornelos y repeticiones reiteradas. La frase de Valle son fundamentalmente períodos cortos, distribuidos en dos unidades. Pueden ser dos sujetos, dos predicados, dos incisos, etc.

Podemos decir en conjunto del marqués que su mayor limitación consiste en no haber pasado del galanteo en realidad. Es muy difícil ver si amó o no en realidad.

La calidad artística de estas piezas es excepcional. En conjunto son una excelente sinfonía, entrecruzada por la muerte, el amor y la religión. En la Elegía bárbara vemos que ya va tomando conciencia, no se esconde, ni imita e intenta ser él mismo.

De su primera postura le queda siempre una tendencia a la evasión estética, a la afectación de irresponsabilidad e indiferencia. Es muy difícil decir dónde la afectación cede a raptos de autenticidad y dónde la variación es un simple cambio de retórica, o un cambio profundo de contenido y orientación.