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Lenguas y dialectos de España

De los primeros alfabetos al nacimiento de la escritura y los primeros alfabetos

Historia del Alfabeto y de la Escritura

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Del nacimiento de la escritura a los primeros alfabetos

Desde el nacimiento de la escritura a la configuración de los alfabetos existentes conocidos, en el moderno sentido de la palabra, hay un lento proceso de evolución tendente a conseguir una mayor adecuación entre la comunicación humana y los diferentes sistemas de escritura surgidos y elegidos para representarla.

Los procedimientos fundamentales establecidos para realizar una comunicación escrita han sido: pictogramas e ideogramas, logogramas, signos silábicos y alfabetos. Pero hay que tener en cuenta que la escritura y , por tanto, cualquiera de esos sistemas son posteriores y secundarios respecto al establecimiento de las lenguas. De hecho, el lenguaje como vehículo de comunicación es consustancial a la existencia del hombre ; no cabe pensar en un grupo humano sin la existencia de una lengua que permita establecer relaciones entre sus componentes. Sin embargo, la escritura es secundaria , aparece cuando la lengua tiene una estructura estable y busca una representación posible de la misma, pero, en principio, puede prevalecer sólo oralmente. Aún hay idiomas en diversas zonas de América, por ejemplo, sin tradición escrita. Por esta razón se comprende que un mismo sistema de escritura sea utilizado por lenguas diferentes o que una lengua pase de un sistema a otro, bien en aras de una mayor facilidad y comodidad, bien por razones de prestigio o de cualquier otra índole; puede, incluso, que mantenga a la vez más de un sistema. Así, la escritura cuneiforme sumeria fue adoptada por los acadios, hititas o persas y éstos, posteriormente, usaron el alfabeto arameo, del mismo modo que los japoneses adoptaron los ideogramas chinos o, siglos más tarde, en Turquía se sustituyó el alfabeto árabe por el latino. Por otra parte, pueden verse ejemplos de escritura combinada de ideogramas y logogramas en algunos textos como la llamada "paleta de Narmer" del 3000 a .C.

Es cuestión debatida si el origen de la escritura se produjo en un solo lugar y la idea se difundió a otros o si, por el contrario, surgió independientemente en diferentes culturas. Las escrituras china o egipcia, por ejemplo, son absolutamente diferentes y, sin embargo, han llevado un desarrollo similar en su estructura interna.

La escritura nació probablemente de la necesidad de representar operaciones numéricas como una primitiva forma de contabilidad, que pudo tener sus precedentes, incluso, en las denominadas "cuentas simples" y "cuentas complejas", como las que conocemos de arcilla en Mesopotamia. De ahí, derivaría a una manifestación ideográfica de realidades concretas (objetos, seres, etc.), reproducidas por pictogramas, que acabarían representando también conceptos o ideas abstractas por medio de dibujos simbólicos. Éste parece haber sido el inicial mecanismo de evolución en los primeros sistemas de escritura, con independencia de si ha habido uno o varios orígenes distintos.

El foco geográfico que registra las más antiguas formas de escritura es el de Mesopotamia y, de todas ellas, la primera en aparecer fue la escritura cuneiforme sumeria, a finales del IV milenio a.C. Algunos autores, como M. Green, consideran que esta escritura es fruto de la evolución de las señales realizadas sobre las citadas cuentas simples y complejas de la zona conocida como la Media Luna Fértil. Estas cuentas eran una especie de pequeñas fichas de arcilla que se guardaban en unos envases grabados con unas marcas para anotar las cantidades de productos (las simples) o con pictogramas para anotar las calidades o tipos de los mismos (las complejas). Esta dualidad no es de extrañar si se tiene en cuenta que se mantiene en los números y letras de los diferentes sistemas de escritura.

La escritura cuneiforme , utilizada por los sumerios y documentada desde el 3200 a .C., se considera como la primera manifestación de auténtica escritura. Su expansión fue rápida, pues el desarrollo urbanístico, social y comercial de este reino, situado en el actual Irak, implicaba una creciente burocratización de las actividades palaciegas y esto derivó en una necesidad cada vez mayor de anotación y registro de actividades. Desde las primeras tablillas de arcilla impresa (unas cuatro mil procedentes de la ciudad sumeria de Uruk), se observa tanto una evolución de carácter utilitario que tiende a la simplificación de formas gráficas, al mismo tiempo que amplía las posibilidades de representación del vocabulario, como una expansión a otras zonas y culturas de este sistema. Así, se aprecia cómo las lenguas del grupo acadio (acadio antiguo, asirio, babilonio, eblaíta, elamita o hitita) combinarán el uso de la escritura cuneiforme con pictogramas propios de tipo jeroglífico, que tal vez representasen logogramas y fonogramas mezclados. El sistema cuneiforme seguirá en uso en Mesopotamia hasta el siglo II a.C.

Posteriormente comienzan a aparecer otros sistemas ideográficos en diferentes partes, como los jeroglíficos egipcios, hacia el 3100 a .C., o las escrituras del valle del Indo (Paquistán y noroeste de la India), aún sin descifrar. En Creta, se desarrolla una escritura jeroglífica, de cuyos pictogramas parece derivar la escritura llamada Lineal A, descubierta por sir Arthur Evans y descifrada por Venhiss, junto con la lineal B . Hacia el 1200 a .C., surgen los llamados "huesos oraculares" en China, con los primeros caracteres de esta escritura.

Los sistemas que perviven se flexibilizan progresivamente y extienden su ámbito al cultivo de la literatura, en algunos casos de forma incipiente. Sin embargo, estos sistemas abigarrados de signos tremendamente complejos son patrimonio de muy pocos, por lo que los escribas empezaron a constituir un grupo social destacado dentro de las diferentes civilizaciones, como ocurrió en el Egipto faraónico.

Uno de los grandes logros de la historia de la escritura fue cuando esos escribas consiguieron reproducir, por medio de un pictograma, el sonido de una palabra; se pasaba así de escrituras que representaban ideas u objetos de forma icónica por medio de figuras, a que dichas figuras simbolizaran cómo estas palabras se pronunciaban en la lengua, es decir, se convirtieran en logogramas. El siguiente paso fue, mediante procesos de abstracción y simplificación, que esos signos representaran palabras abstractas, verbos, etc. A partir de palabras monosilábicas -esto es especialmente visible en sumerio o chino, por ejemplo- tales signos pasaron a representar sílabas y a adquirir, por tanto, valores fonéticos silábicos. Las palabras homófonas se representaban por el signo atribuido a una de ellas: por ejemplo en el cuneiforme sumerio el signo que representaba "flecha", leído "ti" servía para esta palabra, pero también para la palabra "vida", homófona de la anterior. La polifonía contribuyó igualmente al darse un mismo signo que podía leerse de diferentes maneras según las distintas palabras que significaba, pero sólo una de ellas pasó a tener el valor silábico. Se dio así el procedimiento llamado rebus, por el cual un signo que representaba una sílaba, unido a otros signos silábicos, formaba una secuencia para componer una nueva palabra: por ejemplo, en sumerio, los signos que representaban los sonidos de "mujer" + "montaña" formaban "esclava". Este procedimiento y otros similares llevaron a desvincular, en mayor o menor medida, los signos de sus símbolos directos, culminación del proceso de creación de los logogramas, que representaban la lectura de palabras.

En muchas escrituras se fueron creando signos suplementarios para resolver problemas de polifonía y estos signos o glosas fonéticas terminaron por reflejar indicadores de número, persona, tiempo, etc. con lo que se creó el proceso de prefijos o sufijos. Esto llevó a establecer relaciones cada vez más complejas a la hora de construir frases y oraciones.

La formación de estos sistemas redujo el número de signos necesarios para realizar la escritura. Surge , entonces, la necesidad de recurrir a sistemas cada vez más sencillos que representen los sonidos diferentes de las lenguas y se reduzcan al mínimo necesario. La individuación de sonidos de la lengua llevará a la constitución de alfabetos.

Frente a los sistemas de escritura antes expuestos, la creación del alfabeto supuso una innovación de consecuencias formidables para el desarrollo de las escrituras y de la cultura misma , una auténtica revolución dentro de la propia revolución que había sido el nacimiento de la escritura.

Es evidente que la simplicidad del nuevo sistema, que reduce los signos a menos de treinta (entre veintisiete y veintidós, habitualmente), permite un rápido aprendizaje y fácil uso, pues consiste, básicamente, en combinar los diferentes signos para reflejar los sonidos individualizados de la lengua que forman las palabras. Estos signos, que han simplificado su forma a base de una suprema estilización, permiten una combinación múltiple y una sencilla representación de las palabras. Como señalan algunos autores, el alfabeto es la "democratización " de la escritura, ya que este sistema podía extenderse a cualquier persona y convertir el acto de escribir en algo accesible a todos.`

Los primeros alfabetos atenderán exclusivamente a los sonidos consonánticos, si bien se darán algunos intentos de notar de diferentes formas las vocales que pueden acompañarlos, como ocurre en arameo o hebreo. Habrá que esperar al alfabeto griego para encontrar uno constituido plenamente, tal y como hoy se entiende.

Del alfabeto protocananeo al fenicio

Los comienzos de la escritura alfabética se remontan al segundo milenio a.C.: las primeras manifestaciones escritas se fechan en torno al 1500 a .C, aunque algunos autores prefieren situarlas en el siglo XVII a.C. En 1905 sir Flinders Petrie encontró un grupo de inscripciones en Serabit el-Khadim, en la península del Sinaí. La escritura mostraba apariencia jeroglífica, pero los signos pertenecían a un sistema pictográfico desconocido, cuyo registro de formas no llegaba a la treintena. Esta escasez hizo pensar que se trataba de signos alfabéticos y no silábicos utilizados para escribir una lengua desconocida, aunque se supuso que debía ser semítica, ya que los hallazgos se produjeron en las excavaciones de unas minas de turquesas egipcias explotadas en época faraónica por trabajadores cananitas. Así a estos textos, que parten de la lengua de Canaán (actual Israel y Líbano), se les asigna la denominación de protosinaíticos o protocananeos. La más famosa de estas inscripciones es una pequeña esfinge, conservada en el Museo Británico, que contiene diversas inscripciones grabadas en sus lados y entre las patas, así como jeroglíficos egipcios. Éstos dicen "Amada de Hator, Señora de las Turquesas". Sir Alan Gardiner acometió el primer intento de descifrar las inscripciones descubiertas en 1915. Para ello partió de la base de que se trataba de un sistema alfabético, dada la escasez de signos ; supuso que el contenido de los textos se relacionaría con el de los jeroglíficos que también estaban inscritos en la esfinge y , por último, aplicó el principio de acrofonía, por el que un sonido se representa por el dibujo de un objeto cuyo nombre comienza por el mismo sonido. Este sistema se conocía gracias al uso dado en otras lenguas, como la fenicia o la hebrea.

En la inscripción aparecía una serie de dibujos: lazo de cuerda - casa - ojo - lazo de cuerda - cruz que, siguiendo los criterios expuestos, corresponderían al canaanita: lb'lt, leído [la-Baalati] , es decir "[dedicado] a la Señora"; Baalat era el epíteto más importante de la diosa canaanita Asherah , que se equiparaba con la diosa egipcia Hathor , a quien estaban dedicadas las minas donde habían aparecido la esfinge y otras inscripciones. Aunque no está descifrado el contenido de todos los pictogramas de estas inscripciones, el paso de Gardiner fue decisivo para la búsqueda de los orígenes del alfabeto.

Gracias a diversas expediciones arqueológicas llevadas a cabo en 1927, 1930 y 1935 por investigadores de Harvard, el corpus de hallazgos se amplió. Se conocen inscripciones protocananeas posteriores, pero del mismo tipo, como una jarra de Lakish del siglo XIII a.C. o un ostracon del siglo XII de Beth Shemesh. La comparación de las letras de esta escritura con el denominado alfabeto lineal fenicio permite afirmar que éste deriva de aquélla.

Puede decirse, por tanto, que los inventores del primer alfabeto fueron los cananeos. El nombre de Canaán, conocido a través de su mención en la Biblia, correspondía a una provincia de Egipto que, a finales de la Edad del Bronce , incluía el Líbano y Cisjordania (actual Israel), pero este nombre se usa de forma arbitraria para referirse a un pueblo que habitaba una zona más amplia (entre Siria y Palestina) hacia el 1200 a .C. y cuya cultura, aunque homogénea, incluía varios grupos de dialectos emparentados entre sí. Eran comerciantes y cosmopolitas que establecieron relaciones con los imperios cercanos: egipcios, babilonio, hitita y cretense. Es posible que el contacto con estas culturas permitiera el influjo de otros sistemas de escritura, como el egipcio, y favoreciera, por otro lado, la aparición de un sistema propio de características más simples, con un número reducido de signos de fácil aprendizaje y rápida ejecución.

El sistema alfabético protocananeo se habría inventado en torno al siglo XVIII o al XVI a.C., según las diferentes dataciones establecidas. Dicho sistema acrofónico, como se ha indicado, no sería todavía un alfabeto en el moderno sentido de la palabra, ya que los signos corresponderían prácticamente a consonantes y a algunas marcas de cierre glotal ante vocales, pero normalmente éstas hay que restablecerlas en la lectura para comprender el texto, como ha quedado señalado con el ejemplo de la esfinge. Esta forma de escritura se mantuvo hasta el siglo XII a.C., fecha que coincide con el cataclismo de la invasión de los llamados "Pueblos del mar". Después de esto, los pueblos de origen cananeo de los que se tiene noticia histórica son los que estaban asentados en las costas del Líbano y norte de Palestina, que se conocen con el nombre de fenicios.

La relación directa entre el protocananeo y el fenicio se estableció en 1953, gracias al hallazgo de cinco inscripciones en puntas de flecha procedentes de El-Khadr (cerca de Belén), fechadas hacia el 1100 a .C. Prácticamente todas contenían la misma inscripción : hs 'bdlb't bn 'nt ("punta de flecha de Abdalabit, hijo de Bin Anat). El tipo de signos correspondía a un estadio intermedio entre el alfabeto protocananeo y el fenicio. Gracias a estas flechas se pudo, además, descifrar el texto de la jarra de Lakish y avanzar en el conocimiento del protocananeo.

Las primeras inscripciones fenicias se fechan hacia el siglo XI a.C. y proceden de la ciudad de Biblos ; la más antigua es la del sarcófago de Ahiram, del 1100 a .C. Frente a la escritura protocananea , que era multidireccional, el fenicio fijó su forma horizontal, de derecha a izquierda, y la posición de cada letra, hecho éste que se conoce gracias a las inscripciones que conservan alfabetos completos y que deben ser ejercicios escolares. El alfabeto se estableció en veintidós letras, cuyo nombre y forma derivaban de la representación de los mismos en el protocananeo. Por ejemplo, la forma de la primera letra, como una A tumbada a la izquierda, provenía del pictograma que representaba en protocananeo una cabeza de buey y cuyo nombre, aleph, servía también para designar el sonido y la letra con el que empezaba este sustantivo.

El alfabeto ugarítico

En la zona del norte de Siria, especialmente en Ugarit ( la actual Ras Shamra ), se hallaron diversas tablillas de arcilla inscritas, fechadas aproximadamente a finales de la Edad del Bronce (desde el 1400 al 1200 a .C.). Son, por tanto, muy posteriores a las primeras documentaciones protocananeas, pero anteriores a las fenicias. Ugarit era, por esta época, un importante enclave comercial y un centro urbano de primer orden, donde confluían gentes de diversas procedencias, se hablaban varios idiomas y se utilizaban igualmente diversos sistemas de escritura, aunque predominara el cuneiforme acadio. Las mencionadas tablillas -de las que desde 1929 se han encontrado más de mil- estaban escritas con signos cuneiformes, pero no correspondían al cuneiforme antiguo y sólo contenían unos treinta signos distintos, incluso en algunos textos -de carácter religioso, según se vio después del desciframiento- no pasaban de veintisiete, por lo que parecía tratarse del alfabeto de una lengua desconocida. Ésta pertenecía al grupo occidental semítico y estaba emparentada con el fenicio, y su alfabeto, aunque era cuneiforme, derivaba del protocananeo. La escritura se fijó , mayoritariamente, en forma lineal de izquierda a derecha, aunque algún texto va en sentido inverso. En cuanto a las formas de los signos, es probable que se adoptaran los más sencillos cuneiformes para los sonidos más frecuentes y el orden de las letras de los alfabetos protocananeos, hecho que se aprecia en algunas tablillas escolares que contienen abecedarios (incluso una, fragmentaria, proporciona la correspondencia entre este alfabeto cuneiforme y el correspondiente silabograma cuneiforme acadio antiguo). Este alfabeto introdujo una innovación: añadir los signos de otras representaciones del cierre glotal entre vocales, aleph ('a) como 'i, 'u, probablemente para representar las vocales en contacto con este sonido aleph. Es fácil que se trate de una notación silábica dentro de un sistema alfabético. También se añadió el signo equivalente a s. Estas novedades responden, seguramente, a la necesidad de adaptar la representación de palabras de origen extranjero, como los nombres hurritas que pueden verse escritos en los textos.

Con la destrucción de Ugarit en el 1200 a .C., desaparecen los alfabetos cuneiformes que son reemplazados por el fenicio, derivado también del protocananeo.

El alfabeto de los árabes del sur

Existe un pequeño grupo de inscripciones de los siglos VIII-VII a.C., procedentes de Babilonia y de los alrededores de Eilath, en el golfo de Aqaba, escritas en un alfabeto denominado "proto-arábigo". Éste se considera evolución del protocananeo y precursor de otro alfabeto desarrollado en el Sur de Arabia, cuya documentación más antigua es del 500 a .C. Se admite comúnmente que este alfabeto tiene también como precedente en escritura cuneiforme (de forma similar a lo que ocurre en el alfabeto ugarítico) la tablilla de Beth Shemesh, ya que mantiene el mismo orden de letras que el "sud-arábigo", lo que hace pensar que la tradición de esta escritura puede remontar al segundo milenio a.C. Del alfabeto sud-arábigo, que consta de veintinueve letras en distinto orden que el protocananeo, aunque derive de él, proceden a su vez otras escrituras que han evolucionado hasta convertirse en silabarios, como el geez, antigua lengua de Abisinia, o el etíope clásico, del que derivan, a su vez, los modernos amharico y tigré. En el Norte de Arabia también se dieron una serie de escrituras emparentadas con la del Sur que servían para transcribir otras lenguas diferentes, como el tamúdico, safaítico y lihyático.

La expansión del alfabeto fenicio:
arameo, hebreo y derivados. El árabe.

Las actividades comerciales de los fenicios se extendieron por Asia y el Mediterráneo e, incluso, llegaron al Atlántico. Gracias a ese contacto con múltiples pueblos, el alfabeto utilizado por ellos se propagó rápidamente. La escritura se iba desarrollando en las diferentes sociedades y pueblos al abrigo de actividades económicas, burocráticas y comerciales de todo tipo, y el alfabeto fenicio ofrecía un método de fácil aprendizaje, cómodo y económico; lo que justifica el éxito de su expansión. Este sistema se mantuvo con bastante fidelidad en otras lenguas y sólo se modificó lo imprescindible para adaptarse mejor a las nuevas realidades lingüísticas.

El arameo -lengua de las tribus nómadas descendientes del bíblico Aram, que ocupaban territorios del Norte de Arabia, Siria o Babilonia-, adoptó el alfabeto fenicio hacia el siglo IX a.C., según testimonian inscripciones procedentes de Zincliri, Hama o Damas. Se nota una gran tendencia a la cursivización de las letras y a una mayor simplicidad. Se introdujeron algunas modificaciones como la innovación de un sistema rudimentario para notar algunas vocales: las consonantes fenicias w, y se usaron para u, y (largas) y la h para a , e, o (largas) en posición final, procedimiento que se extendió también al hebreo.

A pesar de que se admite comúnmente que el alfabeto arameo deriva del fenicio, en 1979 se descubrió una inscripción procedente de Tell Fahariyah (antigua Sikanu) al Noreste de Siria, fechada en el siglo IX y más antigua que las restantes arameas, que contiene un texto bilingüe en esta lengua con caracteres peculiares y en cuneiforme asirio. Estas características especiales del alfabeto utilizado para el texto arameo hacen pensar que es una derivación directa de la escritura protocananea desarrollada en esa zona, de forma independiente del fenicio y del arameo, que después sería reemplazada por el arameo procedente de la zona más oriental.

En su expansión hacia el Sur, el alfabeto fenicio fue adoptado por el hebreo. La inscripción más antigua conocida es la conocida como "calendario de Gezer", del siglo X a.C., que contiene un catálogo de actividades agrícolas, aunque no es fácil distinguir si se trata de una inscripción hebraica o todavía fenicia. Es, en cambio, una inscripción moabita (idioma semítico también que adopta el alfabeto hebreo) del siglo IX, la denominada del "rey Mecha", la que atestigua el paso del alfabeto fenicio al hebreo, así como otra de Arad la que muestra el tránsito de uno a otro. Se conocen numerosas inscripciones hebreas, fechadas entre los siglos VIII al VI a.C. y procedentes de Samaria, Arad, Jerusalén, etc., que demuestran un gran desarrollo de la escritura en estas épocas y que fueron escritas sobre una gran diversidad de materiales: papiro, piedra, cuero, vidrio, etc. Como ocurría con el arameo, había una mayor tendencia a la cursividad y fue escasa la evolución de las formas. Esta escritura se usó en la literatura religiosa , pero fue abandonada hacia el siglo VI a.C., por la diáspora judía y su exilio hacia Babilonia. No obstante no desapareció del todo, pues siguió cultivándose en las pequeñas comunidades samaritanas y aún se encuentra en parte de los rollos del Mar Muerto, en monedas y otros textos de época hasmonea (150- 30 a .C), herodiana ( 30 a .C.-70 d.C) y hasta aproximadamente el 135 d.C.

Sin embargo, a partir del siglo VI a.C., la comunidad rabínica y los judíos ortodoxos abandonan esta escritura y la sustituyen por el arameo, cuya introducción se atribuye a Ezra, que la traería consigo desde el exilio de Babilonia. La oposición a la vieja escritura hebrea se manifiesta en que los textos sagrados, como la Michna o la Torah, ya que fueron reescritos en arameo. De esta escritura derivaría la segunda escritura hebrea , denominada hebreo cuadrado, implantada en el siglo III a.C. y usada en la actual Israel.

Además de estas dos lenguas, hay otras también semíticas cuyos alfabetos derivan directamente del fenicio o bien se desarrollan a través de aquéllas: la moabita, ya mencionada a propósito de la inscripción de Mecha , que deriva del hebreo, y la edomita, de los siglos VII y VI a.C. Ambas están situadas dentro de un grupo de escrituras del Sur de Palestina y de Transjordania, según ha identificado L.G. Herr.

Con el arameo se propagó la escritura alfabética de forma espectacular, ya que fue el idioma oficial de los imperios babilónico tardío, asirio y persa; incluso se utilizó en Egipto, Arabia, Cilicia, Anatolia, Afganistán o la India. Surgieron así diferentes escrituras arameas tardías que contenían variantes y dieron lugar a una serie de alfabetos derivados de él, entre ellos: el nabateo, el palmireño, el arameo de Hatra, en la región de Nínive, o el siríaco, además de una de las formas del alfabeto hebraico, según se menciona más adelante. El alfabeto nabateo, así como la lengua dialectal aramea que refleja, fue adoptado como escritura oficial del reino árabe nabateo, establecido en el siglo II a.C. desde Hijaz hasta el norte de Jo rdania con capital en Petra. De este modo se sustituyó la lengua y alfabeto existente en la zona hasta entonces , que era una variante septentrional del sud-arábigo. El reino nabateo fue conquistado por los romanos en el 106 d.C., pero se conservan inscripciones de esta lengua y escritura hasta el s.IV d.C. La localización de hallazgos procede tanto de Petra, como de Arabia Saudita y el Sur de Siria. El palmireño está bastante bien atestiguado en dos variantes gráficas, cursiva y monumental, cuya documentación abarca desde mediados del siglo I a.C. hasta el año 272 d.C. en que la ciudad de Palmira fue destruida por los romanos.

El siriaco deriva también del arameo y es una variante local desarrollada en la zona de Edesse (hoy Urfa), muy similar a la de Palmira , y que se documenta desde el año 6 d.C hasta el 243 d.C., en un texto procedente de Dura Europos. La zona siriaca se convirtió en el centro fundamental del cristianismo dentro del mundo árabe, por ello se tradujo la Biblia hacia el 200 d.C. a este dialecto arameo, denominado siriaco, y se extendió desde Palestina a lo largo de la ruta de la seda. Se conservan diversas variantes, una elegante, característica de los manuscritos, denominada estrangelo (del griego "strongoulos"), y otras surgidas a raíz de luchas sectarias entre los cristianos siriacos orientales u ortodoxos, que adoptaron el alfabeto nestoriano y los occidentales o "jacobitas" que usaron la variante jacobita o serto. Otras variantes surgen también en ese momento, como el melquita usado por los cristianos de Constantinopla.

Las escrituras semíticas, como el hebreo, el arameo y sus derivadas, al igual que el fenicio, no anotaban las vocales, si bien empezaron a usar signos complementarios a base de puntos escritos encima o debajo de las letras, llamados matres lectionis ("madres de lectura"), o "puntos vocálicos" o "signos diacríticos", que servían para orientar cuál debía ser la pronunciación en cada caso.

El alfabeto árabe, denominado alifato, es actualmente uno de los más extendidos debido al avance del Islam. El pueblo árabe aparece identificado claramente hacia el siglo IX al VII a.C., durante el período asirio; sin embargo, su papel en la historia de Oriente y del Mediterráneo no cobra importancia hasta después de Cristo. Se sabe de la importante presencia árabe en ciudades helenizadas como Palmira y Edesse, donde se escribe en griego y en escrituras arameas, ya mencionadas. La lengua árabe se extendió a Palestina, Jo rdania y Siria durante la primera mitad del primer milenio; no obstante, el alifato no aparece documentado hasta el siglo VII d.C. Como también se ha indicado antes, el primer reino árabe, el de los nabateos, usó un alfabeto (y la lengua también ) derivado del arameo para la escritura oficial. Desde la más antigua inscripción nabatea, el texto de Namara (328 d.C.), que proviene de la tumba de un rey de la dinastía lajmida , al sur de Siria, al primer texto escrito en árabe sobre papiro, del 643 d.C., hay un hiato cronológico considerable. Éste es apenas subsanado por cinco inscripciones que se fechan entre estas dos épocas y que pueden considerarse precursoras de las formas cursivas árabes, incluso del cúfico -variante usada para las copias del Corán, para algunas inscripciones monumentales y algunos, aunque minoritarios, manuscritos de otro tipo de textos-.

El alfabeto árabe deriva del arameo, a través del nabateo, según una buena parte de los especialistas, concretamente de la variante dada en la península del Sinaí, denominada sinaítico; sin embargo, otros consideran que procede del siriaco (teoría tradicional). Los argumentos de unos y otros pueden ser igualmente válidos y no definitivamente concluyentes; de hecho, hay una parte que considera que pueden haber influido diversas variantes y que el influjo no es exclusivo del nabateo o del siriaco. El árabe, que se escribe de derecha a izquierda, adaptó las formas de las letras pero tuvo que modificar algunas, añadir otras para consonantes que no existían en el modelo, etc. Otra de las diferencias notables es que alteró el orden de las letras, probablemente para agruparlas por semejanza de formas, si bien no hay una uniformidad en esto en los diferentes lugares donde se escribe actualmente árabe. La escritura tuvo dos variantes, una monumental y otra cursiva, usada ésta especialmente en papiros y pergaminos en su origen. Dentro de ella, la más significativa es la variante cúfica, ya citada. Hoy en día sólo algunos textos cuidados y algunas copias del Corán se escriben con la notación completa de signos diacríticos para las vocales.

El alfabeto griego: un alfabeto moderno

Desde la desaparición prácticamente total de los sistemas de escritura conocidos tanto en Creta como en la Grecia continental o en Chipre, es decir, el lineal A y el lineal B, después de la destrucción de los palacios de Cnosos ( 1380 a .C.) y Pilos ( 1200 a .C.), no hay apenas manifestaciones escritas hasta el siglo VIII a.C., en el que surgen los primeros textos escritos en alfabeto griego. Es posible que, como señala Dow, fuera del ámbito de los palacios -usos de contabilidad y economía de los mismos, inventarios, etc.- el empleo de la escritura fuese escaso y terminase por desaparecer con la destrucción de los centros en los que surgía. Precisamente por este motivo, resulta más sorprendente la irrupción, cinco siglos más tarde, del alfabeto tomado de los fenicios -pueblo con el que tenían relaciones comerciales posiblemente ya en el siglo IX a.C.- y su rapidísima propagación. Como indican algunos autores, dando una visión algo romántica del asunto, tal vez la difusión del alfabeto y, por tanto, de la actividad de la escritura, ayudó a los griegos a salir de una época oscura, tras la desaparición de las culturas minoica y micénica, y entrar en lo que constituyó uno de los capítulos más impresionantes de la civilización de la humanidad. Lo cierto es que las primeras documentaciones no se limitan a listas de productos, anotaciones de contabilidad, etc., sino, muy al contrario, son de carácter privado, de actividades cotidianas, deportes, incluso de carácter poético. La más antigua es la jarra de Dipilón de Atenas, que contiene una alusión a los bailarines, o la leyenda de la copa de Ischia (cerca de Capri) identificándose el objeto con la copa de uno de los legendarios héroes de la guerra de Troya , Néstor: "Yo soy la deliciosa copa de Néstor. Quien bebe de esta copa pronto será presa del deseo de Afrodita, coronada de belleza". El alfabeto y la escritura calaron en todos los ámbitos de la vida, procuraron el desarrollo de la cultura, la literatura y, lo que no es menos importante, la alfabetización de sectores de la población mucho más amplios de los que cabía esperar con otros sistemas de escritura más complejos.

Los griegos establecieron los orígenes de la escritura en sus mitos; así se atribuye su otorgamiento a diferentes divinidades como Hermes, Prometeo, Palamedes o Cadmo. Este último fenicio, que habría de llevar la escritura a Tebas donde la habría enseñado , era protagonista de la historia de amor de Cadmo y Harmonía. Las leyendas esconden, en este caso, la realidad de la importación del alfabeto. Los griegos lo tomaron en una época en que el fenicio aún no había fijado la disposición de la escritura, pues alguna inscripción es aún multidireccional y alguna otra procede de derecha a izquierda como aquél, pero terminó fijándose después de izquierda a derecha. Mantienen en cambio el orden de las letras de forma bastante fija, aunque añaden otras nuevas al final (phi) F, (psi) Y, (ji) C. La gran innovación del alfabeto griego consistirá, no obstante, en incorporar plenamente al alfabeto las letras correspondientes a las vocales. Algunas de las adaptaciones más significativas fueron la utilización del signo waw para (ypsilon) u, mientras que una variante de éste para la waw o digamma (F), la Y (zayin) se usó para ds (zeta), la forma llamada sade para s en zonas como Creta, mientras que sin en el ámbito jónico. El signo het de aspirada dental sirvió para marcar la aspiración de otras consonantes y también para la vocal e larga y O (ayin) para la o breve (ómicron), y una variante de ésta para la o larga (omega). Puede decirse, pues, que el alfabeto griego es el primer alfabeto moderno, tal y como hoy se entiende.

Al igual que existía una fuerte diversidad dialectal en el mundo griego, también se desarrollaron diversas variantes de alfabetos según las zonas, adaptando las antiguas letras fenicias de diferentes maneras. Pueden establecerse diferentes modelos de alfabetos, a partir del primitivo: el correspondiente a Creta, Melo y Tera; y el de la zona occidental (Eubea, Peloponeso, otras zonas continentales -excepto Ática- y colonias no jónicas de Magna Grecia). Alfabetos orientales: Jo nia, Cícladas, Asia Menor, colonias del Egeo oriental. Alfabetos orientales de Ática, Egina, Paros y Tasos. Con el tiempo, el alfabeto clásico estabilizaría las formas jónico-áticas para todo el ámbito helenístico.

El uso del alfabeto griego se extendió considerablemente a diferentes zonas. Así, en Egipto, los cristianos usaban el copto como lengua oficial de la Iglesia y utilizaban un alfabeto del mismo nombre (copto deriva del árabe gubti y éste del griego Aiguptos, Egipto). Éste procedía de un alfabeto griego llamado sahídico, que estaba formado por veinticuatro caracteres en la forma más normal , a los que unieron seis signos de la escritura demótica egipcia para representar algunos sonidos coptos inexistentes en griego.

La otra gran difusión del alfabeto griego fue hacia los alfabetos eslavos. Parece que el alfabeto cirílico se basa en el griego bizantino, según se indica más adelante.

Los alfabetos etrusco y latino

También existen tradiciones diversas para la adopción del alfabeto por parte Roma: desde los autores griegos Plutarco y Dionisio de Halicarnaso que sostienen que Rómulo, el fundador de Roma, lo habría aprendido de los griegos durante su estancia en Gabii; o Tácito, que lo adjudica al arcadio Evandro; a Plinio el Viejo, que afirma deberse a los primitivos habitantes de Etruria, los pelasgos. Cualquiera que sea la forma en que penetró en Roma el alfabeto, éste procede del griego, y dadas las letras originariamente adoptadas, parece que se trata de la variante usada por los griegos calcídicos asentados en la Magna Grecia , concretamente en Ischia y Cumas. No obstante, se admite habitualmente, aunque no todos los especialistas están de acuerdo, que no se adoptó directamente, sino a través del etrusco. En efecto, la expansión hacia el sur de los etruscos, especialmente los de las ciudades de Caere y Veies, de gran actividad comercial en torno al siglo VIII-VII a.C., les llevó a entrar en contacto con algunas colonias griegas del sur de Italia, de las que tomaron prestado el alfabeto. De ellos, fundamentalmente de la variante caeretana de los habitantes de las mencionadas Caere y Veies, lo tomarían los latinos, así como los grupos itálicos de los oscos y umbros. A través de las tablas comparativas pueden verse cuáles fueron las principales variantes que sufrió el alfabeto griego en su adopción por los etruscos y cómo evolucionó en las distintas lenguas de la península Itálica.

Probablemente la forma de adopción del alfabeto etrusco por los latinos venga del contacto entre familias ricas y prestigiosas del Lacio. Una interesante teoría basa la forma de penetración a partir de la costumbre etrusca , pasada a los romanos, del intercambio de regalos y ofrendas, que llevarían escritas dedicatorias.

El alfabeto etrusco recogió las letras griegas aspiradas (theta) Q, (phi) F, (ji) C; sin embargo, el latín eliminó las dos primeras formas y reutilizó la tercera. En un principio, si habían de escribir palabras de origen griego que llevaran estos sonidos aspirados, utilizaban las grafías de los correspondientes simples, T, P, C; pero, cuando más tarde empezaron a usar la H -procedente de la H griega (eta)- como marca de aspiración, estos sonidos pasaron a representarse con dos grafías: la simple más la H (TH, PH, CH). Posteriormente, el sonido /h/ desapareció, aunque la grafía permaneció en la escritura (h muda). La grafía X se empleó como dígrafo de /ks/. Por otra parte el dígrafo Y simplemente lo reprodujo por PS. La P, antigua forma de la /r/ griega, pasó como grafía de la bilabial sorda /p/, y le añadieron un trazo oblicuo, R, para representar la líquida /r/. La notación de las guturales, es decir: (kapa) K, (qopa), precursora de la Q, y gamma G, se usaban con el mismo valor en etrusco, dada la indiferenciación entre sonoras y sordas. El latín las adoptó, en principio, de la misma forma , pero pronto regularizó su uso: C (forma derivada, a su vez, de G) para la gutural sorda /k/, incluso ante E, I; K ante A, aunque con un uso muy restringido que en época clásica alcanzaba sólo a alguna palabra como Kalendas, y Q para representar el fonema labiovelar /kw/. Para la gutural sonora innovó un nuevo signo, la G, que procede seguramente de añadir un trazo a C o, quizá, de la evolución de Z , ya que esta grafía dejó de usarse por representar el sonido griego /ds/, inexistente en latín. La adición de G al alfabeto se atribuye a Espurio Carvilio Ruga, liberto que creó la primera escuela de gramática en Roma hacia el 250 a .C. La grafía Z (alguna vez empleada para notar /z/, s sonora, antes de que ésta dejase de existir como fonema diferente de /s/ sorda y de que, en posición intervocálica, rotase y se convirtiese en /r/), perdió su lugar en el alfabeto latino, siendo ocupado por la nueva letra G. En los años del Imperio reaparece para transcribir palabras de origen extranjero, especialmente griego, como Gaza, y ocupa la última posición en el alfabeto, tal como se ha mantenido en los alfabetos de las lenguas romances posteriores. Lo mismo ocurre con Y (ýpsilon). En cuanto a las vocales, heredó los signos del griego: A (alfa), E (épsilon), a través del etrusco; en cambio, éste no escribía O (ómicron), aunque debía conocerse, por lo que hubo de pasar directamente del griego al latín. El signo Y (ýpsilon) terminó por fijarse en una única forma V, tanto para /u/ como para la consonántica /w/. No había diferencia gráfica entre vocales breves y largas: ya se ha comentado cómo se usaba la H, símbolo de /e/ larga en griego, y la omega W , que notaba la /o / larga, no se adoptó. En época arcaica, y sólo en inscripciones determinadas, se acudió alguna vez al sistema de duplicar vocales para señalar las largas: paastores, uootum, por ejemplo. Dicho sistema se atribuye a Accio.

Hay que señalar, además, que el alfabeto sufrió algunas nuevas adiciones debidas a la iniciativa del emperador Claudio (50 d.C.), si bien no prosperaron: tres signos para marcar la /w / consonántica, denominado digamma inuersum, el grupo /ps/, denominado antisigma, y el llamado sonus medius para marcar la /ü/ pronunciada en contextos labiales. Tampoco tuvo éxito el intento de marcar la /-m/ final por medio de una M tumbada a la derecha. Apareció , desde época de Sila, en epigrafía la llamada I longa , para marcar la /i / larga, sobre todo procedente del diptongo /ei/. Este procedimiento luego se extendió para iniciales, por lo que es la base de la I mayúscula.

El osco y el umbro están emparentados con estos alfabetos, adoptados de forma similar al latino, así como algunas otras variantes de otros tantos dialectos itálicos, según se puede apreciar en las tablas.

El alfabeto latino, regularizado y normalizado, se extendió al compás de la expansión romana por toda Italia. De hecho, dialectos como el osco y el umbro, que tenían sus propios alfabetos nacionales o epicóricos, acabaron por adoptarlo. La dominación del mundo occidental por Roma hizo del alfabeto latino la forma universal de escritura en todo Occidente y es en el que escriben todas las lenguas occidentales romances, anglosajonas e, incluso otras como el turco, que ha sustituido el alfabeto árabe por el latino o, como los japoneses que, aunque mantienen su sistema tradicional, desde la década de 1980 han incorporado la grafía occidental , denominada por ello romaji, mezclándola, incluso, con la suya propia. Del mismo modo los chinos intentaron una latinización de los caracteres creando una grafía fonética, el pinyin, que ha sufrido diferentes avatares en su implantación a lo largo del siglo XX.

Al igual que ocurrió con el griego, el alfabeto latino, con el correr del tiempo, cursivizó la escritura, sobre todo en ciertos soportes. Esto dio lugar a un alfabeto cursivo antiguo, frente a las letras capitales, que evolucionó a partir del siglo III d.C. a otras escrituras minúsculas: cursivas, unciales, etc., ligadas ya a los tipos de materiales, documentos o manuscritos.

Las runas y el ogham

Las runas aparecen en el siglo I-II d.C. vinculadas a las lenguas gótica, danesa, inglesa, frisia, franca, sueca, noruega y de algunas tribus de Germania central. Se desconoce realmente cuál pudo ser el origen de las runas, si bien parece que los alfabetos latino, griego y etrusco ejercieron un importante influjo sobre ellas. A pesar de la tardía documentación de las inscripciones -algunas de las cuales no se pueden fechar bien arqueológicamente- cabe suponer, por la forma de las letras y la adaptación hecha de los alfabetos de los que parte, que las runas se habían constituido bastante tiempo antes de lo que puede suponerse por la documentación conservada. El alfabeto consta de veinticuatro letras y el orden es diferente del latino; se conoce con el nombre de "furthark" y se escribe de izquierda a derecha, pero puede aparecer también en sentido contrario o combinado, es decir, en "bustrofedon". Existe una única forma de las letras, sin diferenciación entre letras capitales y minúsculas. A pesar de que tradicionalmente el alfabeto rúnico se ligaba a prácticas y ritos paganos, son diversas las inscripciones conservadas que contienen oraciones y elementos religiosos ligados al cristianismo desde que éste penetró en el mundo germánico.

Otro de los alfabetos que sigue siendo enigmático es el de origen celta, denominado ogham. Aunque algunos han querido ver un origen romano, lo cierto es que no sólo no sigue el orden (hecho en sí no problemático, igual que ocurre con las runas) sino que, sobre todo, se basa en un sistema de combinación de trazos y muescas, que aparentan líneas y puntos. Estos signos representaban letras con valor fónico. Posiblemente se dieran en zonas de ámbito celta del continente, pero la única documentación conservada procede de Irlanda y territorios colonizados o de influjo irlandés. Las inscripciones las encontramos habitualmente en sepulcros o mojones fronterizos. Gracias a manuscritos muy posteriores en el tiempo, del siglo XV, incluso del XVII y XVIII, se conocen las equivalencias fonéticas de estos signos. Algunos investigadores consideran que el alfabeto rúnico influyó en el ogham, pero no es seguro del todo. Aún no está plenamente descifrado.

Alfabetos derivados: ulfiliano y cirílico

El obispo visigodo arriano Wulfila o Ulfila(s) (ca. 311-383), fue quien consiguió difundir la religión arriana entre su pueblo. Para ello, tradujo a su lengua la Biblia, a fin de que ésta pudiera tener una difusión amplia y ser conocida. Pero a esta traducción acompañó la invención de un alfabeto que se adaptara a la lengua gótica mejor que el griego, lengua desde la que hacía la traducción del texto sagrado. El alfabeto ulfiliano se formó fundamentalmente a partir de la escritura uncial griega , añadiendo seis grafías latinas H,R,S, con los mismos valores que en latín y F como j griega, G, con valor de /c/ (j) y U, con valor de q. Además otros dos signos derivados de las runas: uno para u larga y otro para o larga.

El alfabeto cirílico es el usado por búlgaros, serbios, ucranianos y rusos en la actualidad. Basado en el alfabeto griego bizantino, consta de unos treinta caracteres -aunque en principio tenía cuarenta y tres signos- y llegó a ser utilizado por más de sesenta lenguas. Tradicionalmente se atribuye su invención a san Cirilo (827-869) que, junto con su hermano san Metodio, ambos oriundos de Salónica, predicaron el evangelio entre los pueblos eslavos. Según cuenta la tradición, el emperador bizantino Constantino habría encargado a san Cirilo la creación de un alfabeto apropiado para la lengua eslava , a petición del rey de Moravia, con el fin de que dicha lengua se utilizase en las celebraciones religiosas y con un sistema gráfico independiente del latín, griego o hebreo, únicos aceptados hasta ese momento para la traducción de la Biblia. Como puede verse el nacimiento del alfabeto cirílico obedece a circunstancias muy similares a las de la creación del ulfiliano. Actualmente sigue denominándose eslavo eclesiástico a la antigua lengua eslava en la que se realizó la primera traducción de la Biblia. Sin embargo , hoy parece seguro que el alfabeto que en realidad ideó san Cirilo fue el glagolítico, el primer alfabeto eslavo. El cirílico, que deriva de su nombre, surgiría después de éste. A lo largo de la historia ha sufrido diversas modificaciones y adaptaciones como ocurre en ruso con las reformas de Pedro el Grande y muy posteriormente con la de 1924.

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