Romance de Abenámar y el rey Don Juan
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| Abenámar, Abenámar, moro de la morería, el día que tú naciste grandes señales había: estaba la mar en calma, la luna estaba crecida. Moro que en tal signo nace no debe decir mentira. Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría: - Yo te la diré, señor, |
aunque me cueste la vida, porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva; siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía, que mentira no dijese, que era grande villanía. Por tanto, pregunta, rey que la verdad te diría. - Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu cortesía. |
¿Qué castillos son aquellos?; |
el otro Torres Bermejas, |
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