Lanzarote
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Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera Lanzarote cuando de Bretaña vino, que dueñas cuidaban de él, doncellas, de su rocino. Esa dueña Quintañona, ésa le escanciaba el vino. La linda reina Ginebra se lo acostaba consigo, y, estando al mejor sabor, que sueño no había dormido, la reina toda turbada un pleito ha conmovido: -Lanzarote, Lanzarote, si antes hubieras venido no hablara el orgulloso |
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