Derrota de Don Rodrigo
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| Las huestes de Don Rodrigo desmayaban y huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían. Rodrigo deja sus tiendas y del real se salía; solo va el desventurado, que no lleva compañía, y el caballo, de cansado, ya moverse no podía; camina por donde quiere, sin que él le estorbe la vía. El rey va tan desmayado que sentido no tenía; Muerto va de sed y hambre, |
que de verle era mancilla; iba tan rojo de sangre que una brasa parecía. La armas lleva abolladas, que eran de gran pedrería, la espada lleva hecha sierra, de los golpes que tenía, y el casco, de abollado, en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada, del esfuerzo que sufría. Se subió encima de un cerro, el más alto que veía. Desde allí mira a su gente, cómo iba de vencida; |
de allí mira las banderas |
hoy ninguno poseía; |
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